sábado, 3 de mayo de 2014

Sigues

Hay momentos en que el olor lo impregna todo, en los que el resto de sentidos dejan paso a que la nariz experimente, permitiendo que ese olor siga ocupando cada recoveco, que se convierta en todo lo que deseas retener para no perderte nada de lo que significa para ti esos instantes. Poder recordarlos y que vuelvan a tu cabeza es relativamente fácil, pero cuando algo se acompaña de ese olor característico puedes llegar a revivirlos en tu propio cuerpo, puedes ser capaz de volver a estar justo en ese lugar y haciendo aquello que deseas hacer en ese preciso instante.

Por un lado están los colores a los que acompaña, ahí donde cierras poco a poco los ojos porque necesitas guardar cada uno de ellos a fuego en tu memoria, y es que son muchos, muchos los colores que asociar, cada uno da un significado, en cada uno de ellos guardo momentos imborrables, porque no hay nada más que ver que sigues manteniendo los colores del arco iris. Por otro están cada una de las delimitaciones que los separan, justo donde acaba uno y empieza otro, en esa línea que cruza y recorre esa zona donde pierdes el sentido, por esas que la curiosidad hace observar cerca, con detenimiento, queriendo saber cuál es el lugar exacto donde cambias de uno a otro.


Pero sin duda es el olor, ese olor que dejan al pasar, al vivirlos y revivirlos una y otra vez, ese que aparece repentinamente en tu nariz, como si realmente no se hubiera ido, como si ya formase parte de ti. Y es que sigues ahí, sigues en cada uno de los pasos que doy, como esa brisa que me acompaña cada día.

miércoles, 16 de abril de 2014

Dónde, cuándo, cómo, quién y porqué

Esas cinco preguntas que según dicen pueden demostrar o ser la diferencia entre algo verídico y real de algo imaginario y pasajero. Pero no siempre todo lo que vives puede responder todas esas preguntas que se te agolpan en la cabeza, a veces hay situaciones que escapan a nuestro entendimiento, vivencias que sobrepasan lo conocido, momentos que superan todo aquello que has vivido, incluso aquello que te hubiesen podido contar. Son muchos los senderos que nos puede deparar el camino que recorremos a lo largo de nuestras vidas.
Puedo decir que fue justo donde tenia que ser, ahi donde se cruza el ultimo rayo de sol y una timida luna se distingue en el horizonte, donde la electricidad forma esos rayos que recorren kilometros en tan solo segundos, donde solo tu y el viento sabeis hacia que lugar le llevará.
Tambien que ocurrio en el momento en el que se unen menos y mas a la vez, pues es el menos esperado pero sin duda el mas necesitado, fue cuando el ultimo rastro de sol se refugia entre las nubes que dan comienzo al otoño, cuando el anochecer recorre tu piel y te pone los pelos de punta.
Asi que fue uno de esos momentos, como si ves salir el arcoiris despues de sentir las gotas incesantes de la tormenta, como la calma al sumergirte en el agua, como cada una de las veces que logras aquello por lo que te esfuerzas dia a dia.
Es entonces quien te saluda sin apartar la mirada, para quien no hay secretos, quien alumbra cada uno de los recovecos sin distincion, solo quien llega a tu alma con solo un suspiro, quien es capaz de abrazarte con solo pestañear.
Aun asi, no se decir porqué, quizá solo sea que todo es un acumulo de circunstancias por las que acabemos cayendo unos entre los otros, o puede que la vida nos depare aquello que soñamos, o tal vez sea porque con cada granito de arena que aportamos al final todo a de tomar forma y volver de aquella manera que te mereces.
Sea como fuere, cada dia respiro agradecida.

sábado, 29 de marzo de 2014

Bloqueo

Esa jodida palabra, la que se aferra tanto que duele, que desgarra por dentro a su antojo y que impide tantas cosas…

Es capaz de llevarte al borde de la frustración una y otra vez, comienza por instalarse en la cabeza, se acomoda a gusto mientras disfruta de su obra, de cómo los pensamientos empiezan a aprisionarse sin descanso y te impide expresarlos, los deja poco a poco acumularse sin pausa, viendo cómo te van destrozando por dentro.

Pero es que justo cuando crees que ya no puede ir a más, ahí está, lo ves dejar su semilla germinada en tu cabeza mientras se traslada a tu pecho, se abre el hueco necesario entre el resto de sentimientos, se instala como una planta trepadora, nada escapa a su abrazo, es entonces cuando la frustración se acentúa y te embarga la desesperación, la angustia, ves como todas esas sensaciones se apoderan poco a poco del resto de tu ser y sientes la necesidad de llorar, de soltarlo todo, pero no, no te deja.

Y aquí estas, de nuevo, aun habiendo recorrido ya este camino, aun sabiendo que no tiene sentido, que la vida nos da cada cosa por una razón, vuelves a sentirte inútil y pequeñita, caes en su trampa y te olvidas de que querías  hacer hoy.


Es jodido querer explotar y no poder…

Cierra los ojos

Lo hago una vez y te veo, te observo ahora, como si estuvieses justo delante de mí, como si no hubiese dejado de hacerlo ni un solo segundo, te veo diariamente, me quedo embobada mientras duermes, cuando te desperezas y remoloneas bajo las sábanas, te sigo cuando decides levantarte, te admiro mientras te vistes, te observo mientras andas por la casa, cuando te tumbas en el sofá, sonrío como una tonta cuando parece que vienes hacia mí y se me abren los ojos. Lo hago otra vez y te oigo, te escucho ahora, como si todo este tiempo hubiese sido un pestañeo, quién sabe por qué, pero ahí estas, como melodía para mis oídos, te escucho en un susurro que me desarma una y otra vez, cada día, al despertar creo escucharte justo antes de abrir los ojos, al levantarme de la cama te oigo susurrarme que me quede, al salir del portal me parece oír como me dices justo en la oreja que te lleve conmigo, cuando paseo por la calle imagino que me nombras y apareces de la nada, es entonces cuando sonrío, sonrío tanto y a cada rato que creo que se me ha quedado ya la arruga en la cara, entonces se me abren los ojos. Vuelvo a hacerlo y te toco, mis dedos se pasean a su antojo por tu cuerpo, como si no se hubieran separado jamás, te acaricio a cada momento, dejo que su memoria se renueve una vez más recorriendo tu silueta, te hago cosquillitas por donde nadie las ha hecho, recorro centímetro a centímetro cada zona mientras te voy acercando suavemente sin que te des cuenta hacia mí, justo antes de que se me abran los ojos. Una vez más, solo una vez más, lo hago y respiro hondo, estas apenas a unos centímetros de mí y me embarga tu aroma, mi boca besa tu piel, recorriendo el camino que dejaron mis dedos, mis labios te besan despacio, como si cada día fuese la primera vez, recorro torpemente tu cuerpo mientras intento controlar mi respiración, bajo por tus brazos, me acerco a tu cuello, disfruto en tu pecho, me entretengo en tu barriga, te beso justo debajo del ombligo y agh se me abren los ojos. Y es que cierro los ojos, aparecen tus labios y empiezo a temblar…

martes, 18 de marzo de 2014


Aquí estamos, tú, yo, la fría noche que se cierne sobre nosotros, el sonido lejano de los coches y el cercano oleaje del mar a nuestros pies, la cristalizada arena q nos envuelve, la débil brisa que me hace tiritar… y entonces te das cuenta que todo lo demás sobra, que lo que nos hace disfrutar es el inicio, ese tu y yo, porque, qué es un paisaje sin ese recuerdo que ronda por tu cabeza, sin esa idea que te hizo visitarlo o sin ese acompañante que pestañea a tu lado.
Como esas historias contadas al aire, soltadas a bocanadas intermitentes, de forma rápida y brusca, como si todo fuese a durar esa milésima de segundo en la que se forman las palabras en tu cabeza antes de salir disparadas, pudiendo ser plasmadas en papel, hechas siluetas en la arena o incluso acariciadas en la piel, pero que adquieren sentido si alguien las escucha, las recoge, si alguien disfruta de ellas con una sonrisa, con una mirada que evoca el teletransporte allá a donde le lleva su propia imaginación, mientras te muerdes suavemente el labio.
O, tal vez, simplemente el silencio, ese que te encoje por dentro hasta hacerte insignificante, el que te hace sonreír cada día y buscar a tientas en la cama, porque todo ese silencio queda reducido a cenizas si es mientras paseas de la mano, le observas sin que se dé cuenta, recorres cada centímetro o mientras sellas sus labios.
Puede que incluso esa lágrima, aquella que brota sin querer, que aparece de repente como si llevase ahí siglos guardada, esperando el momento y el lugar más inesperado, esa gotita que cambia cuando el sentimiento que conlleva es alegría por volver, satisfacción por no haber perdido la esperanza, confianza por haber sido capaz o seguridad de que al fin pudiste llegar a ese punto en el que ya no hay vuelta atrás.

viernes, 21 de febrero de 2014

La barandilla

Paseando, así volví a aparecer en tu camino, andando a tu lado, como cada día, caminando sin pensar a donde, aunque sabiendo ambos dónde vamos a acabar.
Te observo mientras tus piernas nos llevan allá donde desean ir, dibujo círculos alrededor de tu cabeza para ver si así consigo despertarte de la ensoñación, tú sigues andando, con la cabeza baja, parece que tienes demasiados pensamientos abstrayéndote.

Llegamos a ese lugar, ese rincón en el que a lo lejos queda el mar, seguido de la arena y luego esa barandilla, este tope que te hace decidir entre quedarte parado observando o cruzar y disfrutar de ese lugar que te aguarda.
Como cada vez, yo doy el primer paso y me subo, me siento y pongo mis manos sobre ella, normalmente tú también lo haces porque te dejas guiar por mí, pero no hoy, te miro y te veo apoyándote en ella con los pies en el suelo y la vista fija en el horizonte, mientras te agarras fuertemente con las manos, como si quisieras frenarte o pretendieras no volver a soltarla, como si su soporte te diese algún tipo de desahogo.

No te das cuenta, pero lo estas volviendo a hacer, vuelves a escabullirte y hacer como si no estuviera, aun estando en esta barandilla, nuestra barandilla, en la que hemos vivido tantos momentos, aquí fue donde empezaste a sonreír, donde dejaste de pensar para simplemente hacer lo que te apetecía, donde saltaste la barrera de la tensión y comenzaste a disfrutar, donde olvidaste tus preocupaciones y te divertiste tanto como en la infancia, donde recorriste la arena hasta no poder más y te dejaste caer para que te calentara, en definitiva, fue en esta barandilla donde dejaste que guiase tus pasos.
Te sonrío y acerco mi mano a la tuya pero sin llegar a tocarte, solo para que veas la fuerza de nuestra unión porque aun sin tocarnos estoy segura de que puedes sentir esa electricidad tanto como yo, y paso a contarte la historia de aquella primera vez, esa que tanto me encanta repetir y que un día me dijiste que no te cansabas de oír.

Aquella primera vez en la que decidiste cogerme de la mano, en la que me dejaste mostrarte que otro camino es posible, en la que dejaste que te quitase la venda y pudieses ver todo aquello que te impedías ver, en la que descubriste lo agradable que te resultaba sonreír sin más, en la que reuniste las fuerzas necesarias como para decirme que esto no tendría final.

miércoles, 29 de enero de 2014


En la vida hay de todo, hay cosas que te ayudan y otras que te lo ponen difícil, cosas que te allanan el camino y otras que te lo llenan de piedras, cosas que te hacen sonreír y otras que te hacen contener las lágrimas, cosas que te suavizan las caídas y otras que te dejan caer sin más.

Hay cosas que te anulan, que te bloquean, que poco a poco te van pudriendo por dentro, que se apoderan de tu luz, que te roban todo aquello que eres, que te hacen doblegarte, que te colapsan, que dejan tu mirada vacía, que te hierven la sangre, que te quitan la esperanza y la ilusión.

Hay cosas que te liberan, que te hacen sonreír, que te llenan de luz y energía, que te inspiran, que no dejan de aportarte sueños, que te transportan allá donde deseas estar, que iluminan tu mirada, que agrandan tu corazón, que te impulsan, que te hacen sentir arropada, que te sostienen, que te dan alas.

Puedes estar abandonado con la mente perdida o sentirte perdidamente enamorado, puedes quejarte continuamente o buscar soluciones, puedes pensar en lo que no tienes o dar las gracias por lo que disfrutas, puedes aislarte del mundo o pedir a gritos ayuda, puedes guiarte por pensamientos absurdos y fugaces de tu cabeza o dejar que las genialidades que la vida hace cruzar en tu camino te encaucen, puedes escribir sin sentido o vivir intensamente cada palabra.


Hay cosas que te muestran lo que eres, pero recuerda, lo que realmente te define es lo que quieres ser, eres tu quien escribe su propia historia.

lunes, 13 de enero de 2014

Recuerdos

Recordaste cuando encontraste ese pajarito tímido y escurridizo, ese que veías desde tu ventana mientras revoloteaba de teja en teja, nervioso e inseguro, al principio te preocupaba porque parecía que huía de algo que no lograbas ver o que sufría sin poder posarse por miedo a resbalar, pero pronto te diste cuenta de que estabas muy lejos de la realidad, dejaste de centrarte en lo que la apariencia hacía ver y observaste esos pequeños detalles reveladores, esos pequeños movimientos de cabeza en cada brinco, ese intercambio de pata en cada leve e instantáneo toque y todo se volvió distinto, una melodía empezó a repetirse en tu cabeza, cada salto y cada toque se convirtió en una nota, no podías hacer otra cosa que dejar que la sonrisa iluminase tu cara y un escalofrío musical recorriese tus entrañas, así cada día volvías a la ventana para deleitarte con él, reías nerviosa y tarareabas sin querer su canción, el volvía una y otra vez a ese mismo sitio aparentemente sin percatarse de tu presencia, revoloteaba distraído y feliz mientras tú le observabas, sin daros cuenta, disfrutabais el uno del otro.

Un día el regresó y comenzó su baile como en cada ocasión, pero esta vez no duró mucho, sintió algo extraño, como si le faltase algo en especial, por primera vez se posó y reconoció el lugar, se percató de que ese sitio del que antes salía luz ahora solo era un mero reflejo de lo que había enfrente, voló hasta esa ventana que por primera vez en mucho tiempo estaba cerrada, la revisó de arriba abajo y de izquierda a derecha, buscando algún recoveco, pero no lo había, estaba completamente cerrada y únicamente podía ver su propio reflejo, aun así no desistió, comenzó a cantar, a silbar esa melodía que tu tanto habías tarareado, volvía día tras día a posarse en tu cornisa para cantar alegremente vuestra canción.


Tú le escuchabas, estabas ahí, tras la ventana, no podías acercarte, esta vez la recaída había sido fuerte y te mantenía postrada en la cama, pero le esperabas, ansiabas cada día ese momento en el que volvía y te deleitaba con su sonido, la sonrisa brotaba en tu cara y tus ojos brillaban de felicidad, no había nada en el mundo más maravilloso que ese instante, esperabais pacientes, él fuera cantándote y tu deseando mejorar para reunirte con él.

jueves, 31 de octubre de 2013

Despistes

La vida, esa pequeña pero intensa experiencia de cada día, esa que cada uno elegimos como y porque vivir, esa que si te descuidas tiene mil despistes…

Puedes sentirte mal, creer que estas sola o añorar a tus seres queridos, pueden flaquear tus fuerzas, dejar de creer en ti o que tus ilusiones se enturbien, puedes olvidar tus sueños, desestimar tus esperanzas o sentirte incapaz de seguir, puedes imaginar que ya nada volverá a ser como antes, que no alcanzarás a recorrer ese camino que empezaste o que ya no le ves el sentido, hay tantas y tantas cosas que pueden pasar por tu cabeza a lo largo del día, tantas ideas que sobrevuelan tu subconsciente, oscureciendo y nublando tu día, y todo porque, una vez más, no aceptas que la vida también tiene derecho a despistarse de vez en cuando.

Todo sigue ahí, justo en el sitio donde lo viste por última vez, ahí donde tú quisiste que estuviera, los despistes de la vida son como esas rotondas que nos hacen dar círculos continuos, son inevitables, pues están porque son necesarios, son esos momentos que nos permiten reponer fuerzas y coger carrerilla para el siguiente trayecto del camino, unos los necesitan más que otros, al igual que para unos son más duraderos que para otros, cada cual vive según lo decide, pero la vida es sabia y sabe cuándo nos hace falta reflexionar sobre ello.

Esas personas a las que quieres, ese sueño que aun te queda por cumplir, esa verdad que descubres cada día, esa sonrisa que dibuja tu rostro, ese planeta por el que vives, eso que haces cada día para cumplir tu objetivo, cada una de esas piedras que vas soltando poco a poco para quitarte lastre, todo eso, y más que encierra tu cabecita, sigue aquí, no te ha abandonado ni lo hará, salvo que tu así lo decidas.

Lucha continua, tanto contra los obstáculos que se cruzan en tu camino como por los que tú mismo te impones, tú lo sabes, aunque aún no quieras aceptarlo, pero la vida seguirá aquí, esperando que veas esa salida de la rotonda y sigas de nuevo tu camino.

domingo, 20 de octubre de 2013


Es ahora que observo la luna en todo su esplendor, que me dejo agasajar por los tímidos reflejos que caen como diamantes sobre el oleaje, que mis ojos reflejan su belleza, que el sonido del mar tintinea en mis oídos, que el viento acaricia mi pelo y la fría arena me hace tiritar, es sin duda ahora cuando vuelvo a dejar divagar mi cabeza…

Pasan tantas cosas a lo largo de una vida, tantos momentos que con el tiempo se convierten en recuerdos que aparecerán solo en imágenes guardadas en tu cabeza, tantas sensaciones vividas dentro de cada uno de esos pequeños cuerpos que movemos diaria e incesantemente con prisas, tantos sueños que revolotean sobre nuestras mentes cautivas del querer y no poder, tantas y tantas cosas que, si no te paras a pensar, simplemente se esfumarán.

Habría que dejar de pensar cuanta vida hay por delante o cuanto puede quedar, habría que aprovechar cada uno de esos instantes que te hacen feliz y vivirlos plenamente, como si no se fuesen a repetir, sin importar que al final sí que vuelvan a ocurrir, porque ¿qué hay más bonito que disfrutar cada vez con la misma ilusión de esa felicidad o que dejar que te invada hasta el último poro de ti y ser más feliz en cada uno de esos momentos?